El embarazo durante la adolescencia es un tema de gran interés en todos los sectores de la sociedad, además de que motiva la realización de estudios, debates y campañas informativas encaminadas a prevenir sus efectos adversos. Todo ello es más que justificado si tomamos en cuenta que cerca de la quinta parte de la población mexicana tiene entre 13 y 19 años de edad, es decir, existen millones de jóvenes en territorio nacional que atraviesan la etapa en que dan inicio su vida sexual activa, pero donde su personalidad todavía está en formación.
Al respecto, menciona que casi siempre hay una fuerte presión sobre las jóvenes, quienes se ven orilladas a abandonar sus estudios, sufren agresiones por parte de su familia y del entorno, tienen menos oportunidades de conseguir un empleo (cuando lo obtienen es mal remunerado) y ven interrumpido su proyecto de vida, sin olvidar que deben educar a su hijo en medio de un ambiente desfavorable.
Esta aseveración es compartida por, Alexis Sorel Flores Sixtos, psicólogo del Colectivo Existencia Libre e integrante de la Red Democracia y Sexualidad, quien agrega: “Todavía vivimos en una sociedad donde la carga en este tipo de situaciones recae en la mujer. Si analizas cuántos hombres se comprometen con su pareja, te das cuenta de que la mayoría salen huyendo, incluso antes de saber si hay embarazo o no. Tampoco es raro descubrir que la misma familia es la que le aconseja al varón para que se haga el desentendido”.
Ambos especialistas coinciden en que el tema es muy complejo y requiere de un esfuerzo colectivo en el que se proporcione información adecuada sobre sexualidad a la población en general, sin olvidar que se debe luchar por la creación de relaciones más equitativas entre géneros.
Amplio abanico
Laurel Morillón, explica que el embarazo en adolescentes es todo aquel que se presenta en menores de 19 años, aunque aclara que los ginecólogos sólo consideran aquellos casos que se dan en mujeres que tienen menos de 2 años de haber iniciado su menstruación.
Haciendo caso a la primera definición, que es la más aceptada, la especialista señala que la incidencia de este problema en México es alta, a pesar de que los datos varían de acuerdo con la estadística que se consulte. Por ello, mientras que algunos estudios muestran que 18 a 20% de todas las mujeres encinta tienen 19 años o menos, otras fuentes afirman que la cifra oscila entre el 15 y el 26%.
Al preguntársele cuál es la causa que favorece este tipo de embarazos, asegura que “no hay una específica, sino muchas, y pueden ser individuales, familiares, sociales, económicos o culturales. No ocurre como con otros problemas, por ejemplo, adicción o delincuencia, en los que se tiene un perfil definido que nos permite saber desde la infancia qué chicos son susceptibles por sus características”.
Así, entre los factores más comunes, que pueden mostrarse de manera aislada o combinada, menciona:
- Desinformación. No sólo la falta de conciencia sobre sexualidad y anticonceptivos es determinante, sino el hecho de que “quienes tienen mayor conocimiento sobre estos temas no siempre lo aplican. Además de que todavía hay muchos tabúes y deficiencias en la educación escolar, hay investigaciones que muestran que los adolescentes conocen los métodos para prevenir el embarazo, incluso saben cómo funcionan, pero no los usan”.
- Psicología del adolescente. Por naturaleza son rebeldes y le llevan la contraria sus padres, por lo que “si les dicen que no tengan novio, lo van a tener”.
- Búsqueda de identidad. Es un factor clave en esta etapa de la vida, y tener pareja o generar un embarazo puede representar una forma de afirmarse como hombre o mujer.
- Soledad. El adolescente se siente incomprendido, por lo que piensa que tener una pareja o un niño le hará sentirse más querido. Por otro lado, “hay especialistas que hablan de la ‘teoría del rescate', en que la mujer piensa que va a llegar su ‘príncipe azul' y la llevará a otro lugar, donde vivirán felices por siempre”.
- Necesidad de autoridad. Los jóvenes sienten que todos quieren darles órdenes, y creen que al tener un hijo van a desempeñar un nuevo rol social de mayor jerarquía e independencia.
- Pertenencia. Así como hay grupos en los que existe el “requisito” de fumar o beber alcohol para ser aceptado, en otros se orilla a tener una vida sexual activa.
- Familia disfuncional. Más del 80% de los embarazos en adolescentes se presentan en quienes provienen de células sociales en las que prevalecen incomunicación, falta de afecto y relaciones problemáticas.
- Antecedentes. Varios estudios muestran que si los progenitores fueron padres adolescentes, es más probable que sus hijos lo sean. “Se dice que es por imitación o porque la joven piensa: ‘si tú te embarazaste a mi edad, ¿por qué no lo voy a hacer yo?'”.
- Hábitos culturales. Sobre todo en áreas rurales hay poblaciones en donde no hay más expectativa de vida que casarse y tener hijos.
- Religión. El rechazo de la Iglesia a los anticonceptivos también influye, “pese al esfuerzo de grupos como Católicas por el Derecho a Decidir, quienes difunden que la planificación familiar es compatible con las creencias espirituales”.
- Economía. Es cada vez más común que tanto la madre como el padre trabajen fuera del hogar, y esto impide que haya adecuada comunicación y educación sexual.
- Nivel educativo y socio-económico. Algunos estudios muestran que a mayor grado de escolaridad y solvencia económica hay menos embarazos en jóvenes, aunque ninguno de estos factores garantiza, por ejemplo, que una familia no sea disfuncional.
El psicólogo Alexis Flores añade que en este sentido no hay que perder de vista la severa desigualdad social entre mujeres y hombres. “A veces el chico es muy autoritario y hasta recurre a la violencia para no utilizar métodos anticonceptivos, y si esto se une a que la joven no tiene buena autoestima, es común que ella acceda a tener relaciones sexuales sin preservativo u otro tipo de protección”.
La prevención sí es posible
Este panorama puede cambiar si se da la interacción de distintos factores que involucran a la sociedad mexicana en su conjunto:
- Educación. Hablar de salud reproductiva es uno de los puntos más importantes, pero cabe mencionar que la experiencia indica que la información es más efectiva cuando los hijos aprenden de sexualidad desde edades tempranas. Un buen apoyo para los padres son los cursos y talleres que hay en la materia y en los que se abordan temas como el uso e importancia de los métodos anticonceptivos y la manera de evitar un embarazo no deseado o contraer una infección de transmisión sexual.
- Familia. Es de gran importancia que la relación entre padres e hijos sea abierta, afectuosa, con buenos canales de comunicación y que ponga en práctica la empatía (que los mayores traten de ver “del lado del adolescente” y viceversa). Los padres deben librarse del miedo a hablar sobre sexualidad y reconocer que, cuando no conocen un tema, deben buscar información juntos, de modo que el joven comprenda que hay una apertura y que se le toma en cuenta.
- Equidad. Es importante cambiar algunos conceptos culturales muy arraigados para que los varones comprendan que el embarazo es una cuestión de dos y no sólo de la mujer. El hombre tienen la obligación de asumir su responsabilidad en la prevención de este problema e inmiscuirse más en caso de que vaya a ser padre, pues aunque no haya una unión formal con su pareja es muy importante su presencia durante la gestación y educación de su hijo.
- Campañas. Su alcance ha sido menor del esperado, pero diversas estadísticas muestran que a pesar de todo sus resultados son favorables. Los especialistas entrevistados recomiendan que estos esfuerzos deben hacer hincapié en que mujer y hombre son responsables por igual respecto a la toma de decisiones sobre su sexualidad, y deben fomentar la no violencia en la pareja. Además, deben prevalecer los mensajes claros en cuanto al uso de los métodos anticonceptivos y la manera de resolver las dudas más frecuentes de los adolescentes.
- Mejorar la atención. Aunque los centros de salud tienen la obligación de proporcionar información sobre métodos para evitar el embarazo, hay ocasiones en que los jóvenes son relegados y no se les brinda la ayuda a la que tienen derecho por ser menores de edad.